Llegas
y hay unos almendros
que no
lo dicen todo, en flor,
pero
aquello que dicen
lo
dicen para nadie, pues esperan desde hace tanto tiempo
que han
olvidado ya el deseo de ocultarse
o el
deseo de darse.
Inclinado sobre la mesa de la terraza en la que lleva sentado tanto tiempo que no recuerda a qué hora llegó, el poeta afina unos versos reci...
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