Al Ilmo. Sr. D. José Carlos Acha Domínguez, Consejero Insular de Cultura, Museos y Deportes del Cabildo Insular de Tenerife.
Apreciado consejero, estimado José Carlos:
Es posible que recuerdes que el 25 de septiembre de 2023, hace ya dos años y medio, nos reunimos con la finalidad de hacerte llegar una serie de propuestas en torno a la literatura de posible aplicación por parte del área que en aquel momento llevabas unos meses dirigiendo.
Una de aquellas propuestas —eran unas diez, y te las dejé en papel a petición tuya— era la puesta en funcionamiento de la Casona Estévanez-Borges como casa de la literatura de Tenerife.
Entre las otras propuestas (ninguna de las cuales, que yo sepa, has llevado nunca a la práctica) estaban: retomar las publicaciones de libros de narrativa, poesía, teatro y ensayo por parte del Cabildo; crear becas de creación literaria para autores/as de Tenerife; convocar un premio literario —o varios—; organizar ciclos de encuentros literarios tanto con autores/as no tinerfeños/as como con escritores/as de la isla; apoyar la traducciones de obras literarias de autores/as de Tenerife; organizar un festival literario anual que ponga a la isla en el mapa de la literatura a nivel nacional; apoyar las movilidades de autores/as de Tenerife a actos literarios fuera de la isla; etc.
En dos años y medio no he vuelto a tener noticias tuyas. Ni una sola vez has contactado conmigo para consultarme por la posibilidad de llevar a la práctica alguna —al menos una— de estas propuestas. ¿Para qué me pediste entonces que te las dejara por escrito?
Si en aquel momento te hubieras tomado con un mínimo de seriedad la propuesta de creación de un espacio literario con programación regular, ahora no tendría que estar escribiéndote esta carta. Te dije en su momento que no era de recibo que en Tenerife no hubiera ni una sola casa-museo dedicada a un escritor, mientras que el Cabildo de Gran Canaria disponía de al menos tres: las dedicadas a Pérez Galdós, Tomás Morales y León y Castillo, cada una de ellas con su programación regular.
Te escribo esta carta abierta tras la iniciativa de la revista Trasdemar, apoyada por más de 200 personalidades del mundo de la cultura insular, para que la Casona Estévanez-Borges sea destinada a actividades literarias (tal y como yo te propuse hace dos años y medio) y no a una segunda sede del Centro de Fotografía.
No voy a enumerar de nuevo las ventajas y las razones de esa iniciativa ni por qué la Casona Estévanez-Borges no debe en ningún caso destinarse a la fotografía (ni, por supuesto, convertirse en un espacio de “uso compartido”). Basta leer la iniciativa de la revista Trasdemar para hacerse una idea muy clara de este asunto. A ella me remito.
En nuestra reunión de hace dos años y medio te dije que la literatura de la isla necesitaba apoyo por parte del Cabildo. Ya ha pasado más de la mitad de la legislatura y no se ha hecho efectivo ese apoyo. No basta con unas pocas migajas presupuestarias, no basta con un par de convocatorias farragosas para cumplir el expediente. El Cabildo de Tenerife no dispone, a diferencia, de nuevo, del Cabildo de Gran Canaria, de una biblioteca insular, ni de un teatro insular. La cultura de esta isla no puede limitarse al Auditorio de Tenerife (arréglenlo, por favor, antes de que ocurra una desgracia) ni a la Sinfónica (que ha vivido tiempos mejores) ni a TEA Tenerife Espacio de las Artes (cuya programación, por cierto, ha dejado completamente de lado la literatura: ya te dije en aquella ocasión lo vergonzoso que era que se organizara una exposición del poeta y artista peruano Jorge Eduardo Eielson sin que se celebrara un recital en homenaje suyo).
Tenerife vive un momento literario excepcional. Hay autores/as jóvenes escribiendo y publicando literatura de gran calidad. Coinciden hasta al menos cuatro o cinco generaciones en activo. Diría que por primera vez la literatura escrita en esta maltratada isla es reconocida fuera de nuestras fronteras por su capacidad para proponer mundos imaginarios novedosos y lenguajes propios. Lo único que hace falta es un poco de voluntad y altura políticas para que estos logros puedan cobrar una dimensión aún mayor gracias a un espacio dotado de una programación regular, con proyectos serios y de calidad, con talleres, clubes de lectura, encuentros, recitales, jornadas, festivales y conferencias en torno a la literatura. Y ese lugar no debe ser otro —por historia, por ubicación y por el famoso almendro cantado por Nicolás Estévanez, por muy deteriorado que esté: él lo volvió eterno— que la Casona Estévanez-Borges.
Un cordial saludo,
Rafael-José Díaz
