jueves, 6 de febrero de 2014

EL INTERIOR DEL PÁRPADO



Como ya algunos saben, el pasado lunes 3 de febrero publiqué mi primera novela, El interior del párpado. Novela corta, relato largo, diario ficticio, confesiones imaginarias o informe sobre un desmoronamiento: no sé bien lo que es. Desde las páginas de este blog quisiera, en primer lugar, dar las gracias a Guadalupe Martín Santana, editora de Attikus, por el interés y el permanente entusiasmo que ha demostrado tanto en los meses previos a la publicación del libro como en estos primeros días de "lanzamiento". También a algunos amigos que leyeron la obra y ofrecieron generosamente sus comentarios y sugerencias: Montserrat Armas, Roberto A. Cabrera, Santiago Gil. Debo decir que estoy encantado con la experiencia de publicar por primera vez en formato de libro electrónico (y tanto más con la preciosa portada gentileza de Augusto Vives). Conocemos de sobra las ventajas y virtudes del libro en papel, su corporalidad, su olor, los rastros que nuestros propios dedos dejan en sus páginas, las manchas de café, los granos de arena, las hojas otoñales, todos esos pequeños misterios que un libro en papel guarda entre sus páginas. Fechas, notas, apuntes, subrayados. ¿Pero por qué no había de tener también el libro electrónico sus misterios propios, singulares? He visto estos días a algunos amigos y compañeros con la novela descargada en sus tabletas, he comprobado la instantaneidad, la inmediatez, casi mágicas, con que el libro queda instalado en nuestros dispositivos portátiles --extensiones, si saben usarse bien, de nuestra mente, de nuestra memoria, de nuestro cuerpo, incluso--, he pensado en esos posibles lectores --que prefiero atentos y críticos a numerosos y atolondrados-- de este o del otro lado del océano que, ahora mismo, en cualquier rincón del amplio territorio de nuestra lengua, pueden, "con un solo clic", empezar a leer El interior del párpado. Esa fluidez, esa capacidad de transportar los textos sin el peso y sin la corruptibilidad del papel: quizá eso nos fascina al tiempo que nos asusta. Si apenas conozco lo que yo mismo escribí hace algunos años aquí en Madrid es porque, en cierto modo, logré olvidar al que fui durante aquellos meses de compulsiva y quizá terapéutica escritura. Los fantasmas que en ella se convocan quedaron, por suerte, creo, encerrados, cautivos en las páginas de este libro, en el interior de un párpado. Si ahora los comparto es quizá para saber si, permeables a otras miradas, a otros ojos distintos de los míos, siguen mostrando su amenazante y a la vez inocua impresencia.

Este es el enlace en el que puede adquirirse El interior del párpado

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