miércoles, 13 de septiembre de 2017

NOCHE DE REYES


Mecánica de niebla y de silencio
en la afásica zona de diciembre
en que el candor perdido,
transformado en una cáscara sensible,
se desdibuja bajo nuestros rostros,
los rostros de los hijos huérfanos
de la mendacidad
de las sonrisas huecas. ¿Cuántas
pollas caben, me pregunté,
en ese coño ebrio, cuántas omisiones
resiste aún el ano complaciente,
cuántas vísperas faltan
para la alocución definitiva,
preguntaste?
Y voy a a responderte, a respondernos:
caben, resisten, faltan
todas las pollas, omisiones, vísperas
(respectivamente o no)
que ahora mismo dilatan la impaciencia
de quienes nunca supimos
hacer otra cosa que separarnos
de la muerte ajena,
rezagarnos en la minucia restallante
de los intersticios (¿viste?),
tozudos como alimañas apostadas
en el umbral de un suceso
siempre aplazado, siempre
intempestivo (¿me comprendes?),
justo este instante
de niebla y de silencio
del que nunca podremos escapar.

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