Llegas
y hay unos almendros
que no
lo dicen todo, en flor,
pero
aquello que dicen
lo
dicen para nadie, pues esperan desde hace tanto tiempo
que han
olvidado ya el deseo de ocultarse
o el
deseo de darse.
Está sentada (o recostada, tumbada: ¿pueden sentarse las palomas?) sobre las piedras que tapizan esta placita en la que yo también me he sen...
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