viernes, 15 de septiembre de 2017
EL LETARGO, VERSIÓN KINDLE
Es un placer anunciar que mi libro El letargo ya está disponible también en versión Kindle. Puede conseguirse en este enlace.
jueves, 14 de septiembre de 2017
CREPÚSCULO
Me pregunté si me quedaba
algo más por hacer:
palpar,
coser, dejarme ir
hacia la luz
por la calle que llevaba
hasta el colegio,
y si no bastaba con rodar
hasta que la luz misma
pusiera
fin a mi desubicada
memoria,
por un día no fiel
a circunstancias del
pasado,
sino al círculo mismo
que sobrevuela el ojo corroído
por la pantalla dorada
de lo que antiguamente
llamábamos crepúsculo,
ahora ya una imagen
incomprensible para el
ojo
que, sin embargo,
persigue
el señuelo de aquello
que una vez aprendió,
un saber que ahora espera
nacer de nuevo despojado
de aliento, y mientras
tanto
la noche despedaza
la lengua que, sin saber,
se acomoda debajo de la
lengua.
martes, 12 de septiembre de 2017
NOCHE DE REYES
Mecánica
de niebla y de silencio
en
la afásica zona de diciembre
en
que el candor perdido,
transformado
en una cáscara sensible,
se
desdibuja bajo nuestros rostros,
los
rostros de los hijos huérfanos
de
la mendacidad
de
las sonrisas huecas. ¿Cuántas
pollas
caben, me pregunté,
en
ese coño ebrio, cuántas omisiones
resiste
aún el ano complaciente,
cuántas
vísperas faltan
para
la alocución definitiva,
preguntaste?
Y
voy a a responderte, a respondernos:
caben,
resisten, faltan
todas
las pollas, omisiones, vísperas
(respectivamente
o no)
que
ahora mismo dilatan la impaciencia
de
quienes nunca supimos
hacer
otra cosa que separarnos
de
la muerte ajena,
rezagarnos
en la minucia restallante
de
los intersticios (¿viste?),
tozudos
como alimañas apostadas
en
el umbral de un suceso
siempre
aplazado, siempre
intempestivo
(¿me comprendes?),
justo
este instante
de
niebla y de silencio
del
que nunca podremos escapar.
jueves, 10 de agosto de 2017
PEQUEÑA ODA A LOS POETAS DE HOY EN DÍA
Apañarripios, tuerceversos, escrivividores,
telaraños, endecasibilinos, metronomistas
pejilgueros, apalabradores, alejandriños,
marwanes, silencieros, experiencistas,
soneteros, sonajistas, soniderramadores,
palabroteros, adjetivistas, verseadores,
calamburistas, metaforradores, jitanjaforistas,
simbolistas, escupecoplas, poetas-sin-ethos,
destrozaestrofas, sinecdoquistas, palabreros,
lanzapoemas, zurrabaladas, versicojos,
limpiaodas, fragmenteros, soplagárgolas,
tonadilleros, cantautores, acribillaestribillos,
¡ya está bien!, niños, ¡ya está bien!
telaraños, endecasibilinos, metronomistas
pejilgueros, apalabradores, alejandriños,
marwanes, silencieros, experiencistas,
soneteros, sonajistas, soniderramadores,
palabroteros, adjetivistas, verseadores,
calamburistas, metaforradores, jitanjaforistas,
simbolistas, escupecoplas, poetas-sin-ethos,
destrozaestrofas, sinecdoquistas, palabreros,
lanzapoemas, zurrabaladas, versicojos,
limpiaodas, fragmenteros, soplagárgolas,
tonadilleros, cantautores, acribillaestribillos,
¡ya está bien!, niños, ¡ya está bien!
sábado, 5 de agosto de 2017
CARTA A FÉLIX FRANCISCO CASANOVA
Mi querido Félix:
Estos días he vuelto a leerte. Durante
mucho tiempo he tenido el deseo de escribirte, pero siempre lo he postergado. Llega
un momento en que las cosas no pueden postergarse más.
175 metros de distancia (según
Google Maps, un utilísimo mapa virtual que han inventado) median entre el
número 91 de la calle San Martín y el número 98 de la calle Méndez Núñez. El siglo
XX en el que nacimos ya hace tiempo que es historia. Vine al mundo cinco años
antes de que tú murieras. Pasé mi infancia en el número 91 de la calle San
Martín. Me viste quizá alguna vez, de la mano de mi madre, cruzar la calle
Méndez Núñez en dirección al parque (parque que para ti era el de las miradas y
para mí, entonces, el de los juegos). Ninguno de los dos tiene memoria del
otro, tú porque fuiste el prisionero de la memoria olvidada –la doble memoria
olvidada de la vida y de la muerte–; yo, porque el olvido recordado –el de la
no vida y el de la no muerte– no siempre se transfigura en memoria a través de
la escritura. O quizá, también, asomado a la ventana de la que era la casa de
mi abuela, frente al parque, te vi yo alguna vez, ¿eras tú aquel chico mayor
que me pidió prestado el monopatín y me lo devolvió después de proyectar en el
aire unas cabriolas entre locas risotadas?
Ayer terminé de leer tus Obras completas, las que ha publicado
este año la editorial Demipage. Conocía tu poesía y tu diario. Tu diario fue lo
primero tuyo que leí, quizá con una edad similar a la que tú tenías cuando lo
escribiste. Julio García Monclús, el dueño de la librería Goytec, pariente
político de mi padre, me dejaba pasar allí las tardes. En la planta alta, en la
sección de literatura canaria, no solía haber nadie y era un lugar perfecto
para leer. Debía de ser reciente la edición de Yo hubiera o hubiese amado, el volumen que contenía tu diario del
año 1974. Recuerdo que lo leí una de aquellas tardes y que siempre lamenté después
no haberlo comprado. Al releerlo ahora, compruebo que muchas de aquellas
páginas quedaron impresas en mi memoria y han permanecido casi treinta años en
ella: tus lecturas, en parte coincidentes con las mías de entonces, tus
encuentros con los amigos (esas amistades de la adolescencia que nunca volverán
a repetirse: al menos no con la misma intensidad), las llamadas que te hacía la
misteriosa Voz de la que estabas enamorado, la música desgarrada que te hacía vibrar,
y los poemas, poemas que iban surgiendo en tu cuaderno como flores en un jardín
cubierto de cenizas. No sentí entonces el pudor que siento ahora al leerte:
entonces era como compartir un secreto entre adolescentes; ahora yo soy un
adulto que curiosea entre las intimidades de un joven. Ser joven para siempre
produce estos extraños efectos.
Con tu poesía siempre he tenido
más dudas. La he leído en tres momentos (creo que te hemos leído mucho, al
menos aquí en Canarias, por lo que sé de otros lectores tuyos a los que
conozco). La primera vez fue entonces, en Goytec: tu diario incluía muchos de
los poemas que luego formarían La memoria
olvidada. En ese contexto, eran poemas deslumbrantes, frescos, engarzados
en tu día a día de adolescente culto, sensible y voraz. La segunda vez fue
hacia 1992 o 1993, poco después de publicarse en Hiperión La memoria olvidada, el libro que recopilaba la mayoría de tus
poemas. En aquella ocasión hizo su aparición un cierto desencanto: si aquello
era todo lo que había, todo lo que habías escrito como poeta, era preciso reconocer
que se trataba de una obra en ciernes, más abocetada que conseguida, con unos
cuantos poemas deslumbrantes que destacaban entre una mayoría de poemas que no
estaban a la altura de aquellos. ¿Pero qué importaba esto? El rayo seguía
estando ahí, la brújula seguía apuntando a comarcas imprevistas, y lo casi
milagroso de tu breve trayectoria me seguía encandilando como el primer día.
Esta semana he vuelto a leerte, esta vez, como te decía, en la nueva edición de
Demipage, un volumen que recoge buena parte de lo que escribiste (no
estrictamente todo, al decir de algunos expertos, y lamentablemente sin
criterios filológicos rigurosos). En cuanto a la poesía, ahora soy un lector más estricto que hace años. He marcado unos veinticinco poemas memorables; el resto no está, me parece, a la altura. ¿Y qué? ¿No es maravilloso que con dieciocho años hayas escrito veinte poemas que leeremos una y otra vez? Por otra parte, en este volumen he leído por primera vez El don de Vorace, tu novela publicada en
1975. La desazón del ser. El deseo de ser otro. El extravío de la vida. El
hacha de los sueños. La búsqueda incansable. Es un libro inquietante que me recuerda
a Crimen, de Espinosa, a Cerveza de grano rojo, de Arozarena, a Los puercos de Circe, de Alemany; es decir,
a la mejor narrativa que se ha escrito en Canarias.
Para nosotros tu mito o tu
leyenda han sido siempre tan poderosos como tu obra. Como en otros escritores
de biografía accidentada, quizá en tu caso no sea tan fácil separar ambas
vertientes. Te hemos admirado mucho y te hemos envidiado mucho. La dirección del piso de Méndez Núñez la busqué anoche en internet (internet es una red virtual de intercambio de datos que se
inventó hace un par de décadas).
Al parecer tu hermano José Bernardo sigue viviendo allí, en Méndez Núñez 98.
Esta mañana estaba yo sentando en el café que hay en la esquina de San Martín con
Méndez Núñez. Ahora es una franquicia, pero cuando era niño había allí un
bar que se llamaba Galaxy y que era atendido por un matrimonio mayor con fama
de malas pulgas. Me estaba tomando el café de media mañana cuando de pronto vi
pasar a un señor vestido con ropa deportiva, el pelo corto, algo canoso, de unos
cincuenta y cinco años. Lo vi casi de perfil, pero supe que era José Bernardo.
No podía creérmelo: ayer por la noche había buscado alguna foto suya, pues en
la edición de Demipage figura casi siempre como el autor de las fotografías,
pero su rostro no aparece sino en una de cuando era niño. Encontré dos fotos
suyas en internet: la primera en un blog en el que se publica un
poema suyo y la segunda en un periódico que daba noticia de la presentación de
tus Obras completas. En esta última
José Bernardo aparece en una mesa junto a Villanueva y Aramburu, editor y
prologuista del volumen, respectivamente, en la Feria del Libro de Las Palmas. Esta es la foto
que me permitió identificarlo esta mañana.
Pero aquí no acaban las
coincidencias. Como las desgracias, nunca vienen solas. Ya lo he comprobado
muchas otras veces. Basta abrir la caja de Pandora para que empiece a
encadenarse un hecho tras otro, a cuál más inquietante. Estaba siguiendo a José
Bernardo con la mirada hasta que a la altura de la esquina con San Antonio ya
no pude verlo más. Entonces volví al libro que estaba leyendo: Crónicas de motel, de Sam Shepard. Iba a
empezar el cuarto párrafo de la página 17: “Una noche entré dormido en el baño
y me metí en la bañera. Me encontraron allí, tendido de lado y durmiendo. Su
reacción fue esta vez más severa que cuando me encontraron al final del
pasillo. Una entonación levemente preocupada asomaba a sus voces. Por algún
extraño motivo creían que meterme en la bañera resultaba una extravagancia. Una
chifladura quizá.” El cuento trata de un niño sonámbulo al que sus padres
castigan porque creen que finge serlo. A Sam Shepard nunca lo había leído. Murió hace unos días y por eso compré el libro. Me quedé un rato con la mirada
perdida antes de terminar el relato.
Pagué mi café y fui hasta el número
98 de Méndez Núñez. La calle está en obras. Le han abierto las entrañas y el
ayuntamiento ha garantizado que la dejará dos veces peor que como estaba antes.
Entre otras cosas, han arrancado los árboles de la acera izquierda y afirman
que ya hay demasiados árboles en la ciudad y que no van a devolverlos a su
lugar original. ¿Que la democracia es la voluntad del pueblo? ¡Y un carajo! La
democracia es la voluntad de la sobrina del alcalde y del suegro del concejal
de urbanismo. ¡Cuántas veces no habré pasado por delante de Méndez Núñez 98 sin
saber que fue allí donde todo ocurrió! Miré hacia arriba, no sabía cuál era el
piso. Había una señora asomada en el último balcón. No creo que la vida haya
cambiado mucho en estos cuarenta años, al menos en este barrio. Es verdad que
nos hemos vuelto más virtuales, hoy no hablaríamos con una Voz al teléfono,
sino con treinta o cuarenta, y por diferentes medios: en los chats, en las aplicaciones
de móvil, por whatsapp (otro día te explicaré estas novedades que nos han
vuelto a todos locos). No sé si te gustaría. Atrapados como estamos en estas
múltiples redes de comunicación virtual, nos parecemos a ese pájaro que tú
describías en alguna parte: contento de estar en la jaula porque sabe que todos
sus congéneres también están en ella. Las únicas escapatorias, mi querido
Félix, siguen siendo la poesía, el vino, la locura y la muerte.
Te mando un abrazo (lo menos
virtual posible).
P. D. Te alegrará saber que Catherine
Deneuve sigue estando tan guapa como siempre.
miércoles, 19 de julio de 2017
ISLAS, MORGUES
Es propia de las islas la
retención; les es extraña la dispersión.
*
La falta de espacio de las
islas obliga a cavar, a escarbar, a hundir en la tierra las manos y los ojos.
Las islas están llenas de túmulos, de tumbas, de fosas comunes en las
que la memoria se abisma, casi siempre en vano, para encontrar un hilo del
pasado.
*
Que levante la mano el que
sea de las islas. Y todos dieron un paso atrás.
*
La diferencia entre un
isleño y un insular es que el primero rezuma isla y el segundo ve islas donde
no las hay.
*
Es a un isleño a quien
peor le suena la palabra isleño. Por
la misma regla de tres, es a un insular a quien mejor le suena la palabra insular.
*
La mayoría de los
habitantes de una isla no sabe que vive en una isla. La mayoría de los
habitantes de una isla no sabe que vive. La mayoría de los habitantes de una
isla no sabe. La mayoría de los habitantes de una isla. La mayoría de los
habitantes. La mayoría. La.
*
Como mejor se ve una isla
es desde otra isla. Viceversa, depende.
*
Los habitantes de las
islas, incluso aquellos que no son conscientes de habitar una isla, emprenden
algún día el viaje hacia otra isla, la de los muertos. He visto a algunos
que parecían ya vivir en ella desde hace muchos años. Como si fueran muertos
arribados a nuestras costas para darnos noticias de lo que allí ocurre, en
aquella otra isla a la que alguna vez tendremos que viajar.
*
Será enterrado en una
isla. Vendrán a visitarlo las pardelas. Unos claveles le dejará el mar espumoso.
Verano tras verano verá el sol hundirse como un bañista más en la playa
desnuda. Recordará sus sueños de arena. Sostendrá con su cuerpo los castillos
de entonces.
*
La “mirada insular”, la
“memoria insular”, la “poesía insular”, la “visión insular”, el “mito insular”.
¡Ya está bien, niños!
*
Lugares donde se aprende
bien la lección. Ojos vendados. Puertas blindadas. Las islas: ve a por lana y
saldrás trasquilado.
*
Isla: porción de tierra
rodeada de macroalgas por todas partes.
*
- Que no, que no. Que no
me quiero ir de viaje. Que quiero quedarme aquí, en la isla.
- ¿Entonces no encontró
una forma más original de suicidarse?
*
Las islas no perdonan.
*
Su delito fue nacer en una
isla. El castigo que se le impuso fue morir en una isla.
*
Soñó que un escritor
peninsular, antiguo amigo suyo, visitaba una librería insular y le preguntaba a
la librera: “¿Es este el único libro de autor local que tienen?” La librera,
desolada, le respondía que sí.
*
Ese mismo escritor, en
otro sueño, visitaba una morgue. Le fueron mostrados diez cadáveres. Al llegar
al último, preguntó: “¿Es ese el único muerto insular que tienen?”
La respuesta que le
ofreció el funcionario podría incorporarse a cualquier anuario de estudios
insulares. Reza así: “Debe saber que muerto e insular son sinónimos estrictos.
Todo muerto es una isla y todo insular está, por definición, muerto”.
*
Tengo un amigo que viajó
en un mismo día cinco veces de una isla a otra. Lo consideraba una gran hazaña. En el último viaje le dijeron que había ganado un premio: a partir de entonces podría viajar siempre gratis entre isla e isla.
viernes, 30 de junio de 2017
EL CUMPLIDOR

Son las dos y media de la tarde del viernes 30 de junio de 2017. El que fuera durante dieciséis años alcalde de Santa Cruz de Tenerife, Miguel Zerolo, apura su cigarro y tira la colilla al suelo. La colilla cae frente al portal de un edificio de la calle Sabino Berthelot. Después de rodar unos centímetros, desaparece en una alcantarilla situada en el centro de la calle. Esa colilla, que hace unos segundos humeaba todavía en la boca de Miguel Zerolo, y que era chupada ansiosamente por sus labios en pos de la última bocanada, se acaba de perder para siempre en el subsuelo. Antes de abrir el portal, Miguel Zerolo comprueba que la colilla ha caído entre las ranuras de la alcantarilla, lo que demuestra que se trata de un ciudadano con sentido cívico, con urbanidad, con conciencia ecológica, con un alto sentido de su responsabilidad como ciudadano. Miguel Zerolo, que también llegó a ser consejero del gobierno autonómico, diputado regional y senador, no es lo que se dice una persona intachable –varias causas judiciales jalonan su carrera y recientemente fue condenado a siete años de cárcel por prevaricación y malversación de fondos–, pero en lo que atañe a civismo nada puede reprochársele. Estaríamos dispuestos a asegurar que si, por alguna razón, la colilla no hubiera caído por sí sola en la alcantarilla, Miguel Zerolo la hubiera empujado con la punta del zapato, no la hubiera dejado, todavía humeante, allí, en plena calle, ¡por nada del mundo! Es verdad que esa colilla, que hace nada estuvo en contacto con la saliva de Miguel Zerolo, no es una colilla cualquiera. Por la forma casi desesperada con que el expolítico fumaba, se diría que no es la primera colilla que Miguel Zerolo tira al suelo hoy. Ha habido unas cuantas anteriores. Y estamos casi seguros de que todas han sido chupadas con la misma fruición, con la misma avidez de quien parece fumar para no ahogarse, fumar para huir del mundo, fumar para sobrevivir. Miguel Zerolo, que durante el breve trayecto en que lo hemos seguido entre la Plaza de Weyler y la calle Sabino Berthelot, vestía una ropa informal, descuidada, y que parecía, con sus gafas de sol y sus andares ágiles, querer pasar lo más desapercibido posible, se detiene, sin embargo, por un instante, a vigilar que la colilla haya caído, sin lugar a errores, en la alcantarilla de Sabino Berthelot. ¿Qué quiere decir esto? Vemos aquí, y acaso sea esta la explicación más plausible, la victoria de la urbanidad sobre el desasosiego, el gesto cívico de alguien que, a pesar de haber sido perseguido por la justicia con toda la saña de que esta es capaz, se muestra como un ciudadano de primera, cuidadoso con su entorno, íntegro. Es evidente que no está pasando por la mejor época de su vida, síntoma manifiesto de lo cual es su extrema delgadez, que, junto a la ropa descuidada y las gafas de sol, lo ayuda a pasar desapercibido en uno de los lugares más concurridos de la ciudad cuyo bastón de mando ostentó con firmeza durante década y media. Sin embargo, denota elegancia y hasta podría despertar en nosotros cierta simpatía esa atención suya por las pequeñas cosas, por los detalles. Cualquier otro, incluso los más rimbombantes defensores de la sostenibilidad, los ecologistas de boquilla o cualquier activista de medio pelo en favor del medio ambiente, tiraría una colilla al suelo y se despreocuparía de su destino, de cómo podría afectar a sus conciudadanos, de los perjuicios que generaría ese residuo no biodegradable en la diversidad ambiental de la ciudad. Miguel Zerolo, en cambio, hace todo lo contrario: antes de entrar en lo que no sabemos si es un piso suyo, una oficina, su más reciente guarida o el zulo donde guarda los millones que ganó jugando a la lotería, si es que aún le queda algo de ellos, cumple. Cumple como ciudadano, que es lo fundamental, en definitiva. ¿Debiera importarnos más lo que una persona hace con el dinero que gana que lo que es capaz de hacer como ciudadano, en lo que a todas luces parece un gesto espontáneo, hecho a solas, sin que el exsenador crea estar siendo observado por nadie, una acción sincera y salida de su lado más solidario y comprometido? Miguel Zerolo, su yo más íntimo, no el personaje público con sus bondades y defectos, no el exalcalde que amó como nadie a su ciudad y convirtió su amor en una locura que lo llevó al banquillo de los acusados, no el político, sino el hombre, no el que todos conocen, sino el desconocido, el ser-humano-de-carne-y-hueso, se nos ha revelado. No podemos quedar indiferentes ante esta revelación. A veces la verdad nos encandila, nos frotamos los ojos y no creemos posible haber visto determinadas cosas, pero en tales circunstancias debemos ser valientes para aceptar el vértigo de la revelación, por mucho que nuestros prejuicios y nuestras debilidades nos indiquen la dirección contraria. Miguel Zerolo cumple. Podrán ser mentiras deliberadamente maquinadas todos sus alegatos exculpatorios ante el tribunal que lo juzgó, podrá tener razón la justicia al condenarlo como líder de una mafia de especulación inmobiliaria capaz de saquear las arcas públicas en unos pocos años, podrá ser cierto que prevaricó, que malversó fondos, pero, en lo que a civismo se refiere, Miguel Zerolo es un auténtico dechado. Este señor, sépase bien, no va a dejar nunca una colilla tirada en plena calle. Atribúyase tal celo ciudadano a la educación esmerada que recibió en el seno de su familia o a la autenticidad de su amor por una ciudad que lo ha acabado tratando como a un apestado: lo cierto es que esa colilla da testimonio de una verdad oculta, subterránea. Una verdad que no podemos permitirnos menospreciar. En estos tiempos de posverdad en los que tan difícil resulta distinguir lo cierto de lo probable, lo verdadero de lo dudoso, lo sabido de lo sospechado y lo comprobado de meramente atribuido, una verdad tan palpable como esta, como la de que Miguel Zerolo, el exalcalde condenado a siete años de cárcel, es un ser humano cívico, alguien consciente de sus deberes para con los demás, no debe quedar relegada al olvido. Sirvan estas líneas como testimonio de que hoy, 30 de junio de 2017, a las 14.30 h., en Santa Cruz de Tenerife, Miguel Zerolo cumplió con sus deberes de ciudadano.
lunes, 26 de junio de 2017
BREVE DICCIONARIO DE POESÍA CANARIA ACTUAL
A
Aprendizaje:
lento proceso mediante el cual un poeta canario interioriza un idiolecto
procedente de otro poeta canario y lo transforma para adaptarlo a una realidad
que, una vez completado el proceso, afirmará ser suya y exclusivamente suya. El
aprendizaje en la poesía canaria termina siempre en una especie de ventriloquia:
sobre la voz que se escucha --la voz del aprendiz inconfeso-- planea siempre la sombra de la voz de otro poeta,
una voz superior e instigadora que, de alguna manera, dicta inconscientemente
las palabras o, cuando menos, la melodía que las une.
B
Baño:
proceso de purificación ejecutado durante el verano en alguna playa por el cual el cuerpo de un
poeta canario –no necesariamente atlético– se desmaterializa y se funde con la verdad
del instante como si escuchara la llamada de los númenes telúricos. Un baño se
realiza siempre al mediodía. Y el mediodía es siempre la morada de los
dioses.
Beneplácito:
acción mediante la cual un poeta canario concede a otro poeta canario el
permiso para utilizar determinados rasgos de estilo que a partir de entonces lo
identificarán como “miembro” de una determinada corriente. El poeta beneficiado
con un beneplácito sólo tiene que escribir una reseña al año sobre algún libro
del poeta benefactor; en algunos casos, basta con mencionarlo en una nota al
pie o con invitarlo a un congreso.
Bucle: espiral de sentido mediante la que un grupo de poetas canarios puede sostener durante décadas las mismas e inalterables majaderías. Los bucles tienen en esta microtradición algo de las cárceles de Piranesi: los personajes que las habitan son los reyes de las sombras y emanan una fosforescencia que sólo los conduce cada vez más hacia el interior de su tenebrosa y autocomplaciente telaraña.
Bucle: espiral de sentido mediante la que un grupo de poetas canarios puede sostener durante décadas las mismas e inalterables majaderías. Los bucles tienen en esta microtradición algo de las cárceles de Piranesi: los personajes que las habitan son los reyes de las sombras y emanan una fosforescencia que sólo los conduce cada vez más hacia el interior de su tenebrosa y autocomplaciente telaraña.
C
Can:
estatuilla con forma canina hecha de telurio a la que algunos poetas canarios adoran
a modo de ídolo y frente a la que, antes de escribir un poema, rezan una
breve plegaria. En algunas ocasiones esa plegaria ha pasado a convertirse en el
propio poema. A estos poemas prepóstumos se los denomina preces telúricas o cánones caninos.
Concreta
(poesía): estilo poético nacido en Brasil e imitado por poetas canarios de los
años noventa con desiguales resultados. En homenaje a las Galaxias de Haroldo de Campos --aunque sin que necesariamente hayan leído ese libro--, estos poetas produjeron en unos casos galaxias a
medianoche y, en otros, galaxias a mediodía. En algunos manuales se ha llegado a hablar de galaxitis. Lo más probable, en cualquier caso, es que el término galaxia sea para estos poetas una metáfora hiperbólica del archipiélago. Las islas serían, por tanto, soles, y los poetas, dioses generadores de la luz. Los autores de este tipo de textos son canarios concretos. Son entre tres y seis. Hay concretos mayores y concretos menores. Se considera barbarismo y no está aceptada por el Instituto de Estudios Canarios la expresión los concretos canarios.
Congreso:
encuentro de tres o cuatro mesas redondas a lo largo de una semana organizado
cada diez años –a veces cada veinte– por la sección de literatura de alguna
institución centenaria de San Cristóbal de La Laguna. A los poetas que participan se los escoge según criterios
contrastadamente objetivos y se busca en todo caso ofrecer la mayor pluralidad
posible. Hay quienes afirman, sin embargo, que para organizar un congreso de
poesía no hace falta saber una sola palabra de poesía ni media palabra de congresos. Los congresos de poesía canaria existen para que los poetas canarios se pongan finos los unos a los otros.
Coralidad:
subterfugio con el que los poetas menos dotados de una generación pretenden
camuflar su medianía aprovechándose del lustre de otros miembros de la misma.
En algunos casos, y con el paso del tiempo, la coralidad se ha revelado como un
sistema de complicidades que permite a los poetas medianos ayudarse los unos a
los otros a mantenerse a flote en los ambientes literarios.
Crítica: modalidad de escritura que en el caso de Canarias ha quedado reducida o bien al
más empalagoso de los halagos o bien a la parodia más soez. La crítica de
poesía es en esta comunidad autónoma especialmente repulsiva, pues ha elevado
al olimpo a poetas pésimos, ha ignorado a poetas buenos, ha ridiculizado a poetas óptimos y ha dado a conocer a
poetas que ni siquiera lo son.
D
Dios:
escrito en minúscula, entidad simbólica frecuentemente utilizada por algunos
poetas canarios para referirse a sí mismos como contempladores privilegiados de
la realidad o, según otras interpretaciones, para aludir a la realidad misma
transubstanciada por la mirada privilegiada del poeta. Completado a menudo con
el adjetivo “diurno”, el término supone la cristalización más acendrada de toda
una poética de la divinización del ser que constituye una de las líneas más radicales (o más radiantes, según otros manuales) de la poesía española actual.
E
Escritura: acto con el que la existencia cobra sentido y queda trascendida. Escribir no es simplemente emborronar unas cuartillas. Escribir es prometerse escribir. Escribir es proclamar que se escribe. Escribir es renunciar a escribir. Escribir en Canarias no es llorar: es, sobre todo, no escribir.
Escritura: acto con el que la existencia cobra sentido y queda trascendida. Escribir no es simplemente emborronar unas cuartillas. Escribir es prometerse escribir. Escribir es proclamar que se escribe. Escribir es renunciar a escribir. Escribir en Canarias no es llorar: es, sobre todo, no escribir.
F
Fiesta: revoltijo extático de luz o de palabras. Se usa casi siempre en las expresiones “fiesta del lenguaje”, “fiesta de la luz”, “fiesta de las palabras”. La poesía canaria es festiva por naturaleza. Es más, a veces ese gozo lumínico o verbal se denomina con el término aún más exultante de festín.
G
Genio: sinónimo de poeta en la poesía canaria actual. La genialidad se demuestra sobre todo publicando lo menos posible. Es más, si un poeta logra publicar sin ni siquiera escribir su genialidad se considerará absoluta.
H
Hornada: grupo de poetas que se reúnen en los bares de San Cristóbal de La Laguna para recitar delante de un micrófono. Se habla, así, de la "hornada" de El Siete o de la "hornada" de El Otro o incluso de la "hornada" de Los Nibelungos Tristes.
I
Isla:
en la poesía canaria actual, porción de materia divinizada elevada a residencia
mística de las potencias irradiadoras de verdad y protección. A la tautología
“Una isla es una isla” los poetas canarios han respondido con valentía solar: “La
isla soy yo”. A los habitantes de las islas puede llamárselos "isleños" o "insulares". La única diferencia entre un isleño y un insular es que el primero rezuma isla y el segundo ve islas donde no las hay.
J
Jefe:
dícese del ur-poeta, del poeta primordial del que derivan todas las temáticas y
estilemas. La poesía canaria actual constituye una estructura jerárquica en la
que las jefaturas se van distribuyendo según la cantidad de temas y recursos
que se es capaz de poner en circulación. En última instancia, el jefe o
ur-poeta de la poesía canaria actual es un griego llamado Odysséas Elýtis.
K
Kamikaze:
poeta que dispara contra sí mismo, poeta que se estrella contra su propio
destino, poeta que se lanza contra su propia sombra, poeta que desaparece en
los abismos de su propia nada, poeta que combate su mismísimo y mesmérico ser. Los
kamikazes afloran de vez en cuando en la poesía canaria, pero, por su propia
esencia y condición, no duran mucho. El lema de los kamikazes es: Hacia ninguna parte.
L
Levedad: sensación de ingravidez que el poeta canario debe sentir inmediatamente después
de la escritura de un poema. Se escribe para perder peso. Se escribe para
sentirse más cerca de los dioses. Un poeta canario que no se vuelva más leve al
escribir o no es poeta o no es canario. También puede ocurrir que sufra
sobrepeso y quede, por tanto, exceptuado del duro precepto de la levedad.
M
Mar: término que en la poesía canaria puede simbolizar la voz del inconsciente colectivo, la profunda imbricación coral de las mentes sintonizadas o el correlato objetivo de la conexión del poeta con las divinidades del fondo, oceánicas, tenebrosas. El mar es, de algún modo, el sueño eterno de los poetas-dioses canarios.
Metafísica: Preñez del ser acogotado por la luz, unción de soledad y de palabra, de una casa solitaria y de un desierto de juguete, misterio de la inconcebible materia encumbrada a puro perfil del aire por la pulverizada palabra de los poetas canarios. Metafísicas son la poesía, la pintura, la música, la fotografía, la danza, el cine, el teatro hechos en Canarias desde el momento en que las islas son también, por definición y sin remedio, entidades metafísicas.
Ñ
Ños: Interjección que algunos poetas canarios utilizan en sustitución de la canónica "ah" o incluso, a veces, del elegante "oh". Así, hay versos de la poesía canaria que suenan de un modo tan curioso como: "Ños, el horizonte límpido bendice nuestros besos" o "Supiste, ¡ños, dios!, del declinar del día".
O
Orilla:
lugar definitorio de la insularidad en el que los poetas canarios suelen
acampar en verano con el objetivo de escuchar lo que el mar viene a decirles al
oído. Hasta la orilla llegan a veces naranjas (cosa que la mar no tiene), pero
la mayor parte de las veces sólo llegan los pecios del gran buque naufragado de
la poesía canaria, que sería algo así como una nave de los locos, pero con poetas en vez de locos.
P
Pintura:
arte hermanado con la poesía que puede servirle a un poeta canario para una de las dos siguientes cosas: 1) Para practicarlo en los momentos en que no escribe poesía
(y en estos casos el resultado es lo de menos; para ellos, como para Leonardo,
la pintura es una “cosa mentale”); 2) Para escribir y conferenciar sobre arte, demostrando
que con sensibilidad, unos cuantos poemas publicados y unos buenos contactos se
puede ser el mejor crítico de arte de la isla aunque no se sepa casi nada de
pintura.
Plaquette: publicación de tirada corta que todo poeta canario debe publicar al menos una
vez en la vida y que algunos publican una vez al mes.
Poesía: género literario en el que las palabras surgen súbitas como chispas de una luz primordial y salvífica. Quienes nacen tocados por la magia de la poesía son seres iluminados, impolutos, sabios y silenciosos. Los "poetas", como se los conoce, son a veces tan silenciosos que se muestran incapaces de escribir absolutamente nada. Esa nada que no escriben pero que con frecuencia publican es un silencio precioso que debería ser admirado como la decantación más pura del lenguaje. El verdadero poeta es también, necesariamente, un excelente crítico de arte, de cine, de literatura. Puede ser también pintor, bailarín, músico. Puede ser lo que quiera, pues lo esencial ya lo lleva consigo: su capacidad de no decir nada sin por ello callarse nunca.
Poesía: género literario en el que las palabras surgen súbitas como chispas de una luz primordial y salvífica. Quienes nacen tocados por la magia de la poesía son seres iluminados, impolutos, sabios y silenciosos. Los "poetas", como se los conoce, son a veces tan silenciosos que se muestran incapaces de escribir absolutamente nada. Esa nada que no escriben pero que con frecuencia publican es un silencio precioso que debería ser admirado como la decantación más pura del lenguaje. El verdadero poeta es también, necesariamente, un excelente crítico de arte, de cine, de literatura. Puede ser también pintor, bailarín, músico. Puede ser lo que quiera, pues lo esencial ya lo lleva consigo: su capacidad de no decir nada sin por ello callarse nunca.
Q
Quietud:
estado místico alcanzado unas cuantas veces por dos o tres poetas canarios
inmediatamente después de escribir un poema. Logran estarse quietos, es decir, no escribir nada
a continuación. Nada de nada. En alguna ocasión la quietud ha sido total y han
dejado de escribir para siempre. Ese tipo de quietud es la meta más sublime que un
poeta canario puede ponerse a sí mismo.
R
Revista:
publicación colectiva y periódica cuya finalidad esencial es dotar de
pensamiento único, solidario, riguroso y coral a la poesía canaria, aunque para
ello haya que arruinarse enviando ejemplares a México o a Francia, pagando honorarios a los
colaboradores --que tienen derecho a cobrar por su trabajo, ¿o no?-- o supliendo con el propio bolsillo las subvenciones municipales
que no llegan o llegan tarde y mal (¡Ej que no pue habé perras pa' to', mi niño!). Todos contra uno y uno
contra todos: ese ha sido siempre el lema de las mejores revistas canarias.
S
Silencio:
mecanismo retórico que permite acumular la mayor cantidad de palabras posible para
decir lo mínimo imprescindible. La mejor poesía del silencio será, por tanto,
aquella que, con el más suntuoso de los discursos, sea capaz de no decir
absolutamente nada.
T
Támara:
véase “dios”. Canarismo en desuso que en algún libro se utiliza como epítome de
la incandescencia matricial de la materia, es decir, como nódulo del que
irradia la luz primordial del ser, del yo, del mundo y de la isla.
U
Ubicuidad:
método o capacidad que les permite a los poetas canarios actuales participar en tres
recitales al mismo tiempo sin que por eso se les eche de menos en ninguna
parte.
Umbral:
territorio difuso que algunos poetas canarios han confundido con no se sabe
bien qué estado del espíritu con la exclusiva finalidad de parecer sublimes y
apasionados. Quienes hablan de canto en
el umbral hacen, así, el ridículo ante sus semejantes al proponerse como seres transmisores,
iluminados y más sensibles que la mayoría.
V
Verdad:
Conciencia de la realidad del mundo que un poeta canario, por el mero hecho de
serlo, concibe en su mente y defiende a capa y espada por medio de su poesía.
La verdad es aquello que justifica el poema. Y un poema es la sede más visible
de la verdad. Poesía y verdad son, por tanto, en Canarias –ese otro “país donde
florece el limonero”, como cantaba Goethe–, una sola e indisoluble cosa.
W
Whisky:
bebida que algún poeta canario bebe antes de recitar para que su voz suene
borboteante, mística, irreverente y zafia.
X
Xilófono:
instrumento de percusión que un poeta canario menor identificó en una ocasión con el
brillo del sol repercutido en un acantilado a lo largo de todo un día. La majadería
de tal comparación, tanto más cuanto que el susodicho no sabía ni papa de música,
ha sido uno de los momentos más ridículamente sublimes de toda la historia de la poesía
canaria.
Y
Yoga:
conjunto de ejercicios que todo poeta canario debería realizar antes de
componer un poema. El poema es el doble del cuerpo, ¿no? Entonces habría que
disponer el cuerpo de un modo propicio antes de escribir. La incomprensión de
este principio ha llevado a muchos poetas canarios a escribir gran cantidad de
poemas sin cuerpo, sin eje, sin peso ni contrapeso. No en vano para algunos poetas canarios escribir una columna semanal es casi tan relajante como una asana.
Z
Zen: Estética oriental a la que se adscriben unos cuantos poetas canarios que, tras haber leído alguna antología del haiku japonés y las Sendas de Oku traducidas al castellano por Octavio Paz y tras haber visto sin comprender nada tres o cuatro películas de Ozu, se declaran poetas zen y escriben a partir de entonces poemas de incalculable brevedad capaces de transformar el mundo con la callada por respuesta. La imagen emblemática del zen canario es una roca a la que se llega desde otra roca por un puente colgante hecho de bambú: en medio del puente el poeta canario ve saltar una rana, croa un breve poema, se calla, reza a un can, pim, pam, pum.
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