lunes, 3 de noviembre de 2014

EL CABILDO DE TENERIFE CENSURA MI PROYECTO VISIONARIO

Me es ingrato anunciarles que los responsables del programa Visionarios de Tenerife, puesto en marcha por el Cabildo de Tenerife, han censurado el proyecto que presenté y que publico ahora bajo estas líneas para darlo a conocer a la opinión pública. En un tuit lanzado hace unos días, me comunicaban que "la idea no se ha publicado por considerarse inadecuado su contenido". Un programa que admite todo tipo de ideas, desde plátanos congelados en rodajas hasta una mascota con forma de pato para la isla de Tenerife, un programa que lanza alegremente lemas como "las ideas llevan a otras ideas y así hasta el infinito y más allá" o "las ideas que no se comparten son como velas sin viento", que parecen una mezcolanza de Einstein y Paulo Coelho, rezuma contradicción al censurar un proyecto que, como el mío, solo busca embellecer una ciudad alicaída, incívica, sucia y gris como Santa Cruz de Tenerife; y, a partir de aquí, proponer un modelo de embellecimiento y ornamentación sostenible y biodegradable para todos los espacios urbanos de la isla. Permítanme compartir con ustedes, amigos, el proyecto que el Cabildo de Tenerife ha censurado.


RED DE CANALES URBANO-ESCATOLÓGICOS

Mi propuesta para el programa "Visionarios", del Cabildo de Tenerife, consiste en la instalación de una red de canales urbano-escatológicos en las áreas urbanas de la isla de Tenerife. Inicialmente, en una primera fase piloto, se instalaría esta canalización en Santa Cruz de Tenerife. En una segunda fase, en las ciudades de San Cristóbal de la Laguna, Puerto de la Cruz y Costa Adeje. Y, por último, en el resto de áreas urbanas del territorio insular.

El proyecto “Canalización urbano-escatológica para la isla de Tenerife" parte de la necesidad de dar una solución al alto índice de residuos fecales de procedencia humana existente en la isla. Del mismo modo, en el origen de este proyecto yace la preocupación por el importante número de fuentes de aguas estancadas, de lagos urbanos desaprovechados, de estanques de patos erradicados, de plazoletas de ranas que han perdido su capacidad de eyacular sin prisa ni pausa. Todo ciudadano responsable, y partimos de la base de que cualquier ciudadano de Tenerife lo es, sería incapaz de realizar sus necesidades en la vía pública. La calle, entre la gente de esta isla, se concibe como un espacio de convivencia ciudadana, el sanctasanctórum de la limpieza y de la higiene cívicas. Sin embargo, incluso el ciudadano más respetuoso, incluso el más modélico de los tinerfeños, puede verse alguna vez, por la circunstancia que sea (urgencia, ebriedad, indisposición) en la necesidad de orinar (o incluso defecar o vomitar) en plena calle. El sistema que propongo consiste en instalar nueve o diez macrofuentes de deposición en puntos estratégicos de la ciudad. Estos dispositivos permitirían que cualquier ciudadano a quien le urgiera hacer sus necesidades (o incluso escupir o vomitar) fuera de casa, y cabría pensar sobre todo en la juventud tinerfeña, tan sanamente juerguista, que tiene derecho de vez en cuando a distraerse con un poco de ron o con unas cervezas, cualquier ciudadano, por tanto, en ese desagradable trance, podría acudir a una de esas macrofuentes de deposición, llamadas “recogedores urbano-escatológicos” e instaladas en las zonas más céntricas de la ciudad, para realizar allí sus necesidades; estas, las necesidades, posteriormente, mediante un sistema de desodorización biodegradable único en el mundo, serían tratadas con el fin de proporcionarles un aroma agradable, y, a continuación, a través de una amplia red de canales perfectamente sostenible, subacuáticamente iluminada y juguetonamente serpenteante por toda la ciudad, serían conducidas a modo de ornamentación urbana en un despliegue visual multicolor por el que acabarían conociéndonos como “la isla de los mil canales urbano-escatológicos” o "la Venecia de la caca flotante de colores". Con este novedoso proyecto se terminaría con las esquinas malolientes, con las jardineras de flores podridas, con las fuentes contaminadas, con los portales humedecidos a altas horas de la madrugada, con las vomitonas indiscriminadas a la vista de la familias decentes y hasta con la proliferación de roedores inmundos en las calles de nuestras ciudades.

Espero que este proyecto obtenga los votos que se merece y que, sea o no el ganador, reciba del Cabildo de Tenerife una atención lo suficientemente importante como para convertirlo pronto en realidad. Creo que la isla lo está necesitando.

                                                                                                                                                                                                                                                          Tenerife, a 28 de octubre de 2014

viernes, 31 de octubre de 2014

EL ALCALDE NIÑO

El alcalde niño de la ciudad juguete quiso jugar a las canicas dado en uno de sus parques plaza, pero una ordenanza municipal lo prohibía.

El alcalde niño dijo que su infancia en la casa cuna había sido una fiesta bomba pero que ahora su vida infierno distaba años luz de aquello.

El alcalde niño dijo que de mayor hubiera querido ser o un hombre lobo o un hombre bala, pero que al final no pudo llegar sino a niño dios.

En su infancia, el alcalde niño jugaba a las canicas dado en el hogar escuela. La suerte siempre le sonreía con caramelos chicles de pera piña.

El alcalde niño de la ciudad jardín nada a estilo mariposa en la piscina lago de su chalé kínder junto a su esposa niña y su señora madre.

El alcalde niño quería una playa jardín donde antes no había sino costa basura. Las cosas salieron mal. El alcalde niño acabó en la cárcel cuna.

Los concejales juguete del alcalde niño decidieron un día no acudir a un pleno trampa. El cuñado empresario del alcalde niño pidió que se aprobara una licencia bomba.

La verdad sobre el caso del alcalde niño la sabía tan solo el constructor pelucas. Este, desde su oficina jacuzzi, convocó al alcalde niño a una merienda cena.

El hotel escuela de la ciudad jardín organizó unas jornadas taller sobre la isla territorio. El alcalde niño delegó en su señora madre para una ponencia charla.

La escultura fuente que el yerno artista diseñó a petición del alcalde niño no gustó al populacho chusma. El alcalde niño dijo que tanto montaba y que montaba tanto.

La vida chiste del alcalde niño terminó una tarde noche en la que su yate cuna sufrió una embestida padre por parte de un bebé cetáceo en uno de sus jardines playa. El alcalde niño murió al caer por la borda al mar.

jueves, 30 de octubre de 2014

TUITISMOS DESAFORADOS


Santa Cruz está muerto. Lo mataron ellos. Lo mataron poco a moco, toco a poco, moco a loco. Santa Cruz está muerto. Lo mataron ellos.

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El poeta más mafiosillo del país, célebre por la transparencia de sus participaciones en jurados de premios, se proclama demócrata de pro.

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A menudo el escritor que ya no escribe se pregunta cómo pudo escribir lo que escribió. La respuesta es casi siempre abstrusa o perogrullesca.

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¿Deja un cacique de serlo en el momento en que muere, para, inmediatamente, convertirse en un santo, en un dechado de virtudes, en un modelo para sus abatidos conciudadanos?

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Se está estudiando prohibir que se enseñe en clase de literatura a Espronceda, pues "mi única patria, la mar" demuestra su nefasto antipatriotismo.

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Entre un círculo y una purga no hay más que una leve frontera que, como el filo de una navaja, puede cortar el aire o unas cuantas gargantas.

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Los mismos nacionalistas canarios que ahora se llenan la boca con la sostenibilidad son los que han destrozado las islas con su infatigable depredación.

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Los depredadores hablan ahora de turismo sostenible, de arquitectura efímera y de energía solar. Esto, después de depredar las Islas durante 30 años.

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Ser o no ser cuñada de un expresidente autonómico no es óbice para dejar de respetar la ortografía castellana y el medio ambiente hongkonés.

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La casta, la caspa, la carca, la caca literaria. Están en todas partes. Los reconocerán ustedes cuando los oigan hablar mucho y no decir nada.

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Del círculo a la purga no hay más que un paso. Del círculo a la dictadura del iluminado de peluca, de coleta, de mostacho o de barba no hay sino un soplo, un soplo helado.

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El círculo, a priori, parece la figura geométrica ideal para el debate; no olvidemos que lo es también para la delación y la denuncia.

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El asalto al cielo supone una gran pérdida de ángeles, arcángeles, dioses y nubes. No nos lo podemos permitir. No podemos. ¿O sí, Hölderlin?

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La palabra es la brecha por la que, en la enfermedad y la tiniebla que es la vida, asoman tímidas señales de un mundo pleno, luminoso e intacto: el otro lado.

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No se crea usted nada de lo que le digan al oído. De lo que le digan a la boca, créase la mitad.

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El arlequín brinca. El ventrílocuo falsea. El corista corea. El político perpetra, hurta y cacarea.

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En otra facultad, aunque de la misma carrera, esas miradas que en nuestra facultad de entonces, hace veinte años, no nos atrevimos a darnos.

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El repertorio de preguntas de un periodista especializado en entrevistas puede ser infinito. Y cuanto más infinito, más cansino será. [Nota aclaratoria: El periodista en cuestión no tiene por qué ser necesariamente Juan Cruz Ruiz.]



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Redondo le salió el negocio: construyó una rotonda rotunda. En muchos kilómetros a la redonda --de la rotonda-- nada redunda en nada, todo retumba en todo.

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¿Saben el del poeta que afirma "leer poemas en público muy de vez en cuando" y resulta que tiene uno y hasta dos recitales cada semana?

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Entre la poesía y la aromaterapia hay conexiones aún por explorar. Si no lo cree, pruebe a dormir una noche junto a un poeta performativo.

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El niño alcalde quiso montarse en un columpio. Pero, por ordenanza municipal, ya no había columpios. Entonces el niño alcalde destituyó a su concejal de parques y jardines.

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Estaba tan acostumbrado a los elogios que cuando recibió su primera crítica se deshizo en elogios con su adversario.

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La casta es la caspa es la costra es la cosa nostra. Nostra es la casta es la carpa es la carta es la cata es la caca es la cosa nostra.

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Cuidado, amigos: no es lo mismo una ginebrita que una ginebrina.

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Como tampoco es lo mismo estar dispuestos que estar depuestos, en cualquiera de las acepciones escatológicas de ambos términos.

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Pido perdón, pedo un montón. Pido perdón, pedo mogollón. Pido perdón, pedo por Dios. Pido perdón, pedo, pedón. Peto, pito, puto, pudro, podo, pedo, pido un montón. Adiós.

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En poesía, lo único que importa es la intensidad de lo que no se ha dicho. Es esa intensidad, no mensurable, la que estremece y fascina.

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Va a dirigir un curso universitario sobre la deconstrucción de su propia poesía. En la última sesión, tiene previsto suicidarse ante el público.

viernes, 12 de septiembre de 2014

UN PASEO POR LA LAGUNA


En 2007 unos amigos que coordinaban una revista de viajes me encargaron un texto que iba a publicarse en un monográfico sobre las ciudades españolas Patrimonio de la Humanidad. Yo me encargaría de escribir el dedicado a San Cristóbal de La Laguna. No pude entonces dejar de acordarme de uno de sus habitantes más ilustres, el poeta Arturo Maccanti. Quienes alguna vez tuvimos el privilegio de coincidir con él en uno de los paseos que daba por la pequeña ciudad no podremos olvidarnos nunca del entrañable modo con que Arturo se volcaba en la amistad, la poesía y la vida vivida sin tapujos. Esos instantes son uno más de sus muchos regalos. Ahora que Arturo se ha marchado, como un viajero insomne, y su vida empieza a convertirse en el eco del eco del resplandor que fue, quiero traer a este blog, en homenaje a su memoria, este texto que a él le gustó en su momento. Consuélenos pensar quizá que quien vivió sobre la vida muere también por encima de la muerte.
                                                           In memoriam Arturo Maccanti


¿Por qué no empezar a medianoche, o a una hora cualquiera de la madrugada de un sábado, y mezclarse entre los miles de estudiantes que abarrotan las calles del llamado cuadrilátero, esas pocas manzanas en que se concentran las tascas, los bares, los pubs, las discotecas y los afterhours? Entremos tambaleándonos en el Cholas, en el Búho, en el Strasse, en el Granero o en el Pecados: nuestros relucientes zapatos acabarán manchados por los pisotones y nuestros cuerpos resecos por la soledad o la abstinencia se bañarán de un sudor comunitario que alimentará cada vez más el afán de apretarnos, de frotar nuestros cuerpos con los cuerpos vecinos en una algarabía de roces, miradas, voces, músicas, gestos, empujones, recuerdos, deseos, tragos, besos y bailes. A esa misma hora (pero apenas lo recordamos, o tal vez ni siquiera lo sabemos) un cuerpo muy diferente del nuestro, radicalmente distinto de todos los cuerpos que nos rodean y nos seducen o desengañan, duerme incorrupto el sueño de la muerte. Recluido en un sarcófago en el interior de uno de los conventos más antiguos de la ciudad, el de Santa Catalina de Siena, el cuerpo venerable de la  Siervita de Dios permanece intacto a la corrupción de la materia, a las devastaciones de la muerte, al desgaste del tiempo. Podríamos decir que asiste impasible, desde su inmovilidad, al aquelarre de cánticos profanos, de impurezas, de acciones deshonestas y de vicios que ha ocupado la ciudad en que ella, Sor María de Jesús, vivió volcada en la virtud. ¿Nos bendice, magnánima, o nos condena, implacable? Nunca lo sabremos. Despreocupados, buscamos éxtasis sinténticos, intensidades de instantes imposibles, amistades que al día siguiente no recordaremos.



      Si una ciudad es sobre todo un tejido de calles y plazas, de edificios y jardines, de paseos y bancos, de árboles y coches, de personas y animales, no es menos cierto que una ciudad es también un tejido de sílabas, un nombre o muchos nombres. La Laguna sigue recordando en las sílabas que la sostienen lo que la emparenta con la antigua Tenochtitlan: su fundación junto a una laguna. Desecada hace ya mucho tiempo, esa laguna permanece en la sombra de un nombre. Y, en cierto modo, la fertilidad de toda la vega lagunera, es decir, de la extensa campiña que rodea la ciudad y con la que ésta se funde en sus extremos (a pesar de los desmanes urbanísticos de políticos y empresarios), recuerda también las aguas perdidas para los ojos pero ganadas para el suelo, para los terrenos, para la vida, al fin. Pero antes de ser La Laguna o, con mayor propiedad, San Cristóbal de La Laguna, pues bajo la advocación de ese santo la fundaron los conquistadores castellanos, la ciudad se llamaba Aguere (probablemente del sustantivo amazigh agaraw, que significaba 'laguna') para sus primitivos moradores. También ha recibido por metonimia el nombre de Nivaria, una de las denominaciones antiguas de la isla de Tenerife, «donde la gran pirámide nevada / Parece competir con las estrellas», como dijera uno de los grandes poetas canarios de los Siglos de Oro, Bartolomé Cairasco de Figueroa. Y son precisamente dos poetas, pero esta vez actuales, los que han rebautizado a la ciudad de La Laguna desde sus propios puntos de vista, desde sus personales visiones creadoras. Arturo Maccanti, que aunque no nació en La Laguna vive en ella y pasea infatigable por sus calles, la ha llamado Guerea en algunos de sus poemas. Combinando anagramáticamente los topónimos Nivaria y Aguere, pero aludiendo también a las nereas o nereidas, hijas del dios griego Nereo, hijo a su vez de Océano y Tetis, Maccanti traza un recorrido mítico y a la vez melancólico por una ciudad en la que los recuerdos deambulan al mismo ritmo que los pasos para acabar terminando en unas pocas palabras frágiles y valientes a la vez. Muy distinto, e incluso contrapuesto, es el caso de José Carlos Cataño: nace en La Laguna y la abandona a los veinte años. En una de las entradas de 1974, el año en que comienza su diario Los que cruzan el mar, se debate entre marcharse o quedarse en «esta ciudad a la que llamo Féretra». La ciudad, así pues, como un féretro, como una cárcel, como una condena. Y escribe: «Esto empieza a ser un infierno. No quedan más que vestigios sobre el alféizar. Vestigios opacos de un antiguo esplendor, acumulaciones, residuos.»



      Regresemos, aunque sea tarde, de nuestra desbocada salida. Tarde es aquí temprano, pues después de deslizarnos entre los zombis danzantes del psicodélico Barock hemos aterrizado en el BB+ (¡oh este siglo de siglas!) que abre a las seis de la mañana como afterhours para quienes se han procurado fuerzas contra el cansancio nocturno. Regresemos, aunque sea a las once o doce de la mañana y la humedad de la noche se haya convertido en benéficos rayos de un sol omnipresente. Deslicémonos desde el cuadrilátero, que en definitiva ya no nos interesa (pues nada histórico, antiguo o venerable hay en él: sus únicos vestigios son vómitos o bragas o vasos de plástico en las calles), hasta la Plaza del Adelantado. Decía don José Rodríguez Moure en su Guía histórica de La Laguna que «[en esta plaza] se realizaron otros hechos que mejor es callar, pues no todo debe decirse aunque se pueda». Todo centro guarda celosamente sus misterios. La plaza, que recibe el nombre del fundador de la ciudad, el adelantado Alonso Fernández de Lugo, está flanqueada por edificios emblemáticos como el Palacio de Nava, el Ayuntamiento, el convento de Santa Cantalina de Siena, ya mencionado, con su ajinez suspendido a la altura de las copas frondosas de los castaños de Indias. También da a la plaza la casa natal de José de Anchieta, poeta y evangelizador del Brasil, en la que viviría más tarde uno de los poetas canarios más interesantes del pasado siglo, Manuel Verdugo, heredero de los parnasianos y flâneur enclaustrado entre las tristes calles de La Laguna de su tiempo como lo siguen estando hoy en sus conventos las monjas clarisas y dominicas. En su último libro, Huellas en el páramo, Manuel Verdugo incluye un soneto titulado «Ciudad de La Laguna» que es, posiblemente, uno de los mejores poemas que podremos leer sobre esta ciudad: «Hace honor a su nombre: ella es una laguna / que nos brinda el reposo de la quietud inerte... / Amo su paz severa, claustral, cuando la luna / el hechizo magnético de su blanca luz vierte. // Aquí --grato refugio-- quizás como en ninguna / de las viejas ciudades, con sorpresa se advierte / un perpetuo contraste, algo extraño que aúna / optimismo de aurora y tinieblas de muerte. // Yo he soñado con cosas muy tristes y muy bellas / contemplando el remoto temblor de las estrellas, / en el hondo silencio de la ciudad dormida... // Y en sus campos feraces, una clara mañana / ya maduras las mieses, vibró mi alma pagana / al ritmo dionisiaco y triunfal de la vida.»



      ¿También nuestra mañana es clara y dionisiaca? Dejamos la plaza. Apenas somos conscientes de que estamos en la primera ciudad-territorio, la primera ciudad no amurallada, modelo de las nuevas ciudades americanas y construida a partir de los mapas de navegación de la época: cada punto representa una estrella que nos guía en nuestro recorrido. Ciudad-constelación, ciudad de paz, ¿ciudad-paraíso? Atravesamos la calle de San Agustín con sus casonas barrocas, manieristas, neoclásicas o a veces todo esto a la vez. Una de ellas albergará próximamente la Fundación Cristino de Vera, que ligará para siempre la obra del gran pintor de lo humilde a la ciudad de La Laguna. Llegamos a la Iglesia y Ex-Convento de San Agustín, con sus dos claustros que parecen construidos por ángeles. Y ahora, en este silencio, ya apenas recordamos el estruendo de anoche. Podríamos continuar hasta el Camino Largo: nos cruzaríamos tal vez con el gran escritor Isaac de Vega. Pero desviémonos más bien hasta la Plaza del Cristo y escuchemos, como en sueños, nuestras propias risas de niños montados en los caballitos del carrusel que hace tiempo retiraron. Nos adentramos en la calle Viana y, como en un túnel del tiempo, venimos a desembocar en el edificio central de la Universidad de La Laguna. Como un hombre de luz, el profesor Alberto Giordano sube unas escaleras hasta abrazarnos sonriente antes de sus mágicas clases sobre literatura portuguesa. Murió hace años pero aún sigue estando, como todo o casi todo en esta ciudad. Bajamos por la calle paralela al campus. Se ha hecho tarde y apenas hemos notado el paso del tiempo. El tranvía, otro resucitado, vuelve a conectar desde hace poco La Laguna con su antiguo puerto, la actual ciudad de Santa Cruz de Tenerife. Nos montamos en él: dejamos atrás los jolgorios, los cuerpos incorruptos, la opresión conventual, pero también los años universitarios con sus luces y sombras, las tardes de paseos familiares, las citas amorosas, los encuentros anónimos, las conversaciones eruditas, La Laguna. Subimos al tranvía. Bajémonos junto al mar.  

viernes, 13 de junio de 2014

LA NUEVA EDAD DE ORO EN LOS BAÑOS DE ARGEL

En consecuencia (con secuencias), el hombre (él, hombre) sacudió (sssss... acudió) vigorosamente (vigor + oro + osamenta: ja, ja, ja) y a contrapelo (¿a... pelo?) el huso (el hueso) sin cumplidos (sin cupidos) que la naturaleza (natural... ¡esa!) habíale otorgado (le otorgado había). Remolona, removiola (remó: lona, galera, la moviola), lenta lanza larga (lenta danza larga) con soltura (con cintura) tan adentro (tan, tan dentro) que el paje puso paja al peje (el peje puja paja pija). Cabalga el caballero (cava, cava, valga lo que valga), embiste de cuclillas (¿eh, viste?, ¡de cuclillas!), por si la quisicosa se resiste (¿qué cosa, quisicosa?). Mano de almirez (o pierna de almirante) no obsta (no, no, ostras) para que el trípode trilingüe (centrípeto, cum linguis) revista de esplendor (¡revista de esplendor!) la grupa imberbe (el grupo imberbe). Metiosela (tío, se lame) hasta la cueva de Montesinos (la cueva del Monta Si No...), de donde no quería (no, no quería) salir el elixir (¿seguir sin elixir? ¡Eso jamás!). Así que, sin turbante (ni turbarse), trocó el caballero su cabalgadura (eso, eso: su cabalgadura) por tabla ríspida de surf (ras, ris, surf del sur) y cogió olas (cogiolas) a toda máquina (oh máquina del universo). Las olas iban y venían (venían e iban) como las damas de antaño ("les dames d'antan") hasta que se subió a las ancas (cual con zancos) para gozarlas desde lo alto (gozo, alas, gózala, mi arma) y repiquetearlas (repique, etc.). Zumbón y caballuno (moscón equinoccial), se relamía el caballero del relajo moruno (se la lamía un caballero de refajo moruno) allá en los baños de Argel (allá en los baños de Onán) entre vapores turbios (va por estupro) y sonrisas leves (aleve todo allí, sin abanico). El paje berberisco (y su peje berberecho) se brinda (y se embrida) a los más canoros arrebatos (masca, can, más oro, más, a rebato). Toca su flauta Pan (su flauta mágica de un solo ojuelo) y toda Edad de Oro, rediviva (redicha, redí: viva), florece en este tiempo de todos los demonios. 


(Texto publicado en el catálogo de la exposición El arte en la ínsula de Don Quijote, inaugurada ayer en la Fonda Medina de Güímar, Tenerife)

martes, 10 de junio de 2014

UN SIMPLE DATO

En una entrada publicada ayer u hoy en su blog y titulada "La obcecación de la crítica y la poesía de Melchor López", Francisco León afirma lo siguiente sobre el segundo libro del poeta canario: "Pese a tratarse de un libro escrito bajo el influjo de un rigor lírico inaudito hasta ese momento entre las jóvenes promociones de la poesía canaria, El estilita no recibió ni ha recibido hasta el momento, doce años después de su publicación, la escucha crítica que sin duda merece." No me corresponde a mí determinar si fue la escucha crítica que se merecía o no, pero quisiera señalar aquí que en 1997, el mismo año de la publicación de ese libro, escribí una reseña del mismo titulada "El canto vulnerado", que se publicó, si no recuerdo mal, en algún suplemento literario de los que por entonces agonizaban en la prensa de las islas. En 2007 recogí esa reseña en mi libro Rutas y rituales, publicado por la editorial Idea. He encontrado el enlace en red y lo pongo a disposición de los lectores de este blog. En ese mismo libro incluí también el texto de una ponencia que tuve el honor de pronunciar en un congreso organizado por el profesor Javier Gómez Montero en Berlín en 1998 y que, titulada "Palabra y espacio en algunos jóvenes poetas canarios", dedicaba, entre otros poetas, a Melchor López, y concretamente a su libro El estilita, algunas reflexiones en relación al espacio insular y al lugar que su palabra ocupaba en ese espacio. 

Es evidente que cuando uno se sienta a escribir un artículo supuestamente exhaustivo sobre la desafección de la crítica en torno a la obra de cierto autor y se atreve, incluso, a recriminar a determinados escritores canarios, nombrándolos uno a uno, no haberlo mencionado en no sé qué cuestionario en torno a los diez poetas de las Islas que consideran imprescindibles, una de dos: o uno se documenta con todo el rigor (lírico o no) que el asunto merece o corre el riesgo de hacer el ridículo y de, lo que sin duda es mucho peor, falsear caprichosamente la realidad.*

* Nota del 16 de junio de 2014. Me permito añadir un dato más acerca de mi modesta, aunque no por ello inexistente, contribución a la difusión de la --según León-- maltratada e ignorada obra de López. En 1999 organicé un ciclo de poetas españoles en Leipzig. Se tituló "Sonnenworte. Spanische Lyriker lesen in Leipzig" y se celebró en la Haus des Buches con la colaboración de la Embajada de España y la Universidad de Leipzig. Invité a Melchor López, que fue uno de los siete poetas que participaron. Al poeta lo acompañó Ines Griebel, una estudiante mía que tradujo estupendamente los poemas de López al alemán. Al día siguiente presenté a López en la ciudad de Jena, en lo que fue su segunda lectura en esa minigira alemana que, aun mínimamente, espero que contribuyera a la difusión de su obra más allá de las fronteras insulares y nacionales.

PRESENTACIÓN EN ATENAS DE LA ANTOLOGÍA DE POESÍA HISPÁNICA CONTEMPORÁNEA DE ATI SOLERTI

La estupenda poeta y traductora griega Ati Solerti nos ha escrito a quienes formamos parte de la antología de poesía hispánica contemporánea publicada por la editorial griega Vakxikon para anunciarnos que el libro se presentará el próximo 13 de junio en el Instituto Cervantes de Atenas. Me siento muy honrado al haber sido incluido en un trabajo hecho con tanto entusiasmo y calidad. El entusiasmo lo conozco porque, desde que Mario Domínguez Parra, "instigador" del proyecto y autor del epílogo del volumen, me habló de esta antología que ahora se ha hecho realidad, el diálogo con Ati Solerti ha sido fértil, simpático y constante. De ahí también la calidad que, a pesar de mi completo desconocimiento de la lengua griega, atribuyo a unas traducciones que han sido revisadas varias veces, consultadas con los autores de los poemas y, finalmente, publicadas en la antología con las garantías que un trabajo tan serio como ese concede a una labor tan delicada como es la traducción de un puñado de poemas de autores vivos. Me siento muy feliz, además, de compartir antología con poetas de la talla de Bruno Mesa, Iván Cabrera Cartaya, Julieta Valero, Juan Manuel Macías o Jesús Jiménez Domínguez, entre otros. Vaya mi más sincera gratitud a Ati Solerti y a Mario Domínguez Parra por su excelente trabajo. ¡Cuánto me encantaría estar el día 13 en Atenas! Estoy seguro de que será una presentación calurosa, entrañable. Dejo aquí la traducción y el original de uno de los tres poemas míos, inéditos, que se incluyen en la antología.




ΠΑΙΔΙ ΠΑΡΑΔΟΜΕΝΟ

Το παραδομένο παιδί
που νιώθει το φύλο βυθισμένο στα σπλάχνα του
να φτερουγίζει όπως το ράμφος
από ένα αποχαυνωμένο κολιμπρί
ή όπως ολάκερο το κορμί
ενός νεαρού κι εκστατικού ερπετού

είναι το κέντρο του κόσμου σ’ αυτή την παραλία
την απομακρυσμένη απ’ τον κόσμο
αν το δέρμα του επιχριστεί με άμμο
καθώς βράζουν κυριευμένα τα σπλάχνα του
και τα μάτια του δεν βλέπουν
περισσότερο από ένα αμάλγαμα της θάλασσας και της επιθυμίας.

Εγώ είμαι ένα τίποτα, αυτό είναι τα πάντα
αυτό στη στιγμή αυτή, αυτό που παραδίδεται
στους χίλιους σπασμούς
του οποίου η άσπλαχνη μετάφραση είναι πως ο χρόνος του είναι άλλος,
ένα λουλούδι σχεδιασμένο
χωρίς ορατά περιγράμματα, μια πηγή στο κέντρο του κορμιού του.

Κάν’ το να στριφογυρίσει
μέχρι, εξαντλημένο, να νομίσει πως χόρεψε
σε οποιαδήποτε φανταστική στάση,
να συλλογιστεί τη φθορά του σαν μια υποταγή, σαν μια παράδοση,
δεν είναι περισσότερο από το πενιχρό βραβείο
γι’ αυτόν που φύλαξε τις πύλες της Εδέμ.

MUCHACHO ENTREGADO

El muchacho entregado
que siente el sexo hundido en sus entrañas
revolotear como el pico
de un colibrí alelado
o como el cuerpo entero
de una serpiente joven y extasiada

es el centro del mundo en esta playa
apartada del mundo
si su piel se embadurna con la arena
mientras hierven poseídas sus entrañas
y sus ojos no ven
más que una amalgama de mar y de deseo.

Yo nada soy, lo es todo
él en este instante, el que se entrega
a las mil convulsiones
cuya atroz traducción es que su tiempo es otro,
una flor dibujada
sin contornos visibles, una fuente en el centro de su cuerpo.

Hacer que se retuerza
hasta que, exhausto, piense que ha danzado
en cualquier posición imaginable,
contemplar su desgaste como una rendición, como una entrega,
no es más que el premio exiguo
para quien ha cuidado las puertas del edén.  

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