sábado, 7 de noviembre de 2026

FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA

Tras ser recibidos con honores

y ramos de flores locales, los poetas foráneos

serán alojados en un imponente hotel de montaña

en el que disfrutarán de vistas al mar, jacuzzis

y jardines tropicales. Allí departirán entre ellos,

serán entrevistados por los medios de comunicación locales,

radio, prensa y televisión, y contarán

lo mucho que admiran el clima bondadoso del lugar. En cambio,

los poetas locales acudirán, por su cuenta y riesgo, al festival

en transporte público (que para eso tienen su bono de residente) o,

quienes dispongan de ellos,

en sus vehículos particulares (por supuesto, sin dietas para combustible);

periódicos, radios y televisiones locales

no los entrevistarán, pues, en definitiva, el público local

ya los conoce bastante

y no necesita leer o escuchar de nuevo sus bobadas.

Los poetas foráneos serán convenientemente alimentados

(desayunos, almuerzos, meriendas y cenas)

para que los poemas que escriban sean sublimes, perfectos, estratosféricos.

A los poetas locales, en cambio, se les matará de hambre

para que, de ese modo, escriban poemas escuálidos, cursis, prescindibles.

Se procurará que los poetas foráneos no interactúen

con los poetas locales, para que nada de lo que estos producen

pueda contaminar la excelencia de aquellos.

De este modo, se salvaguardará la destreza superior

de los poetas foráneos, y se conseguirá que los locales

sigan empantanados en sus patéticos empeños.

Se intentará, es más, se exigirá, en la práctica,

que los poetas locales acudan a los recitales protagonizados

por los poetas foráneos

para que la sala se vea lo más llena posible (y, además,

para que cojan algunos recortes, si se sienten capacitados

para ello). Sin embargo,

a los poetas foráneos se los liberará

del triste espectáculo de asistir a las aburridas lecturas

de los poetas locales. Igualmente,

se les sugerirá a estos, los poetas locales, que compren

todos los libros que puedan de los poetas foráneos,

para que, de este modo, las cifras de sus ventas

se vean aumentadas. En cambio,

los libros de los poetas locales serán colocados en lugares menos visibles

para que, cuando, por delante de la mesa de la librería, pasen

los poetas foráneos, les sea ahorrado el lamentable trance

de tener que comprar libros que no van a ningún lado,

pues no hay nada que estos, los poetas foráneos,

puedan aprender de los primeros (es sabido

que lo que escriben los poetas locales

no tiene la menor importancia).

Por la noche, los poetas foráneos

serán convocados en la sede del festival

a la hora exacta en que los poetas locales

ya habrán terminado de hacer el ridículo en sus recitales

para, desde allí, llevarlos (a los poetas foráneos exclusivamente)

a disfrutar de una opípara cena en la que departirán

con los concejales del pueblo, con próceres locales

y hasta con el cacique principal del municipio. En cambio,

a los poetas locales que hayan venido en sus coches

se les cobrará hasta la tarifa del parking

en el que los aparcaron

para que, en la medida de lo posible, abandonen, hambrientos,

el pueblo y no permanezcan

en él más tiempo del necesario.

De este modo, el festival preservará

su carácter internacional

y evitará ser contaminado por tanto supuesto vate local,

por tanto advenedizo, por tanto gilipollas

con ínfulas de poeta.

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