domingo, 1 de septiembre de 2019

LEYENDO "LA NUEVA NOVELA", DE JUAN LUIS MARTÍNEZ


a) Cuando me apoyo en el cristal de la ventana de mi cuarto a leer una página de La nueva novela de Juan Luis Martínez, un día del final del verano, habiéndome quitado la camisa por el calor que sofoca estos días la ciudad, sé que, desde una ventana del edificio de enfrente, otro poeta, joven, cuyo nombre no coincide con el mío ni con el de Juan Luis Martínez, puede ver mi espalda llena de lunares, mis hombros decaídos, pero no el libro que leo, la página concreta de La nueva novela que tengo abierta entre las manos, puede ver cómo apoyo la piel desnuda de mi espalda sobre el cristal de la ventana, puede ver las manos, al final de los brazos, en actitud de sujetar alguna cosa parecida a un libro, pero no puede confirmar si se trata de un libro, de qué libro se trata o qué página de ese libro tengo abierta entre las manos.

b) Cuando me apoyo en el cristal de la ventana de mi cuarto a leer una página de La nueva novela de Juan Luis Martínez, un día del final del verano, puedo imaginar, mientras la leo, que un joven poeta cuyo nombre no coincide con el mío ni con el de Juan Luis Martínez apoya, tras quitarse la camisa por el calor que sofoca estos días la ciudad, su espalda sobre el cristal de la ventana de su cuarto del edificio de enfrente mientras lee una página de La nueva novela de Juan Luis Martínez, puedo imaginar su espalda sin lunares, sus hombros espigados, pero no la página concreta del libro que lee y, aunque también puedo imaginar que lo que tiene entre las manos es un libro y que ese libro es La nueva novela de Juan Luis Martínez, no podría confirmar, ni aun dándome la vuelta y mirando a través del cristal de la ventana, que se trata de ese libro y tampoco podría saber qué página concreta está leyendo el joven poeta cuyo nombre no coincide con el mío ni con el de Juan Luis Martínez.

c) Cuando me apoyo en el cristal de la ventana de mi cuarto a leer una página de La nueva novela de Juan Luis Martínez, un día del final del verano, habiéndome quitado la camisa por el calor que sofoca estos días la ciudad, imagino que otro poeta, joven, cuyo nombre no coincide con el mío ni con el de Juan Luis Martínez, ha terminado la lectura de La nueva novela y está recostado en su cama, sin camisa, en un piso del edificio de enfrente, pensando en mi espalda llena de lunares y en mis hombros decaídos, y al final de los brazos mis manos, que parecen estar en actitud de sujetar un libro, pero no estoy seguro de que él pueda saber si realmente es un libro lo que sujeto entre las manos, de qué libro se trata ni por cuál de sus páginas lo tengo abierto mientras lo leo, aunque pueda imaginar que sabe que se trata de La nueva novela de Juan Luis Martínez. 

d) Cuando me apoyo en el cristal de la ventana de mi cuarto a leer una página de La nueva novela de Juan Luis Martínez, un día del final del verano, habiéndome quitado la camisa por el calor que sofoca estos días la ciudad, sé que estoy leyendo la última página de La nueva novela mientras imagino que en un piso del edificio de enfrente un joven poeta cuyo nombre no coincide con el mío ni con el de Juan Luis Martínez se dispone a leer otra vez La nueva novela una vez que se ha quitado la camisa por el calor que estos días sofoca la ciudad y, aunque no tengo manera de estar seguro de que ese libro sea La nueva novela, me dan ganas de volverme para intentar confirmar que su espalda carece de lunares, que tiene los hombros espigados y que al final de sus brazos unas manos sujetan un libro que, con un poco de suerte y si todo lo que sobre el tiempo y el espacio dice Juan Luis Martínez es cierto, tendría que ser exactamente el mismo ejemplar de La nueva novela que yo acabo de terminar y tengo todavía sujeto entre las manos.  

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