jueves, 23 de marzo de 2017

PIDO LA DIMISIÓN DE DANIEL BERNAL SUÁREZ Y YURENA GONZÁLEZ HERRERA, PRESIDENTE Y SECRETARIA DE LA SECCIÓN DE LITERATURA DEL ATENEO DE LA LAGUNA

El Ateneo de La Laguna ha anunciado para hoy jueves día 23 de marzo un recital de poemas con el objeto de conmemorar el Día Mundial de la Poesía que se lleva celebrando cada año desde 1999 el 21 marzo, coincidiendo con el Equinoccio de Primavera en el Hemisferio Septentrional. En este recital participarán cinco hombres y ninguna mujer. Me parece absolutamente inaceptable que una institución como el Ateneo de La Laguna, cuya trayectoria progresista, en favor de la libertad, la igualdad y los derechos humanos puede considerarse intachable, vaya a albergar hoy un acto de estas características. Al parecer, Daniel Bernal Suárez, presidente de la Sección de Literatura del Ateneo, ha ofrecido en los días previos a la celebración del recital diversas aclaraciones sobre la llamativa ausencia de mujeres poetas en dicho acto. No las he leído, pues, entre otras cosas, no las ha dado a conocer a través de la web del Ateneo ni de ningún otro canal institucional, sino por medio de sus redes sociales particulares. (Sería deseable, y esto es algo que llevo pensando durante un tiempo, que se distinguiera escrupulosamente, en estos casos, lo que es actividad personal de lo que es difusión institucional, corporativa, en representación de una Junta Directiva o en ostentación de un cargo para el que se ha sido elegido en una asamblea de socios.) Sobre estas aclaraciones no he sabido sino lo que me han transmitido algunos amigos, es decir, que Daniel Bernal Suárez declara haber invitado al recital al menos a tres mujeres que declinaron la invitación por distintas razones. Cuánto se parecen, me temo, estas explicaciones a aquellas otras que ofreció el comité organizador del Congreso de Poesía Canaria, del que formaba parte el propio Daniel Bernal Suárez, en noviembre del año pasado: se invitó a este poeta o a aquel otro, pero por motivos de agenda no pudieron aceptar, dijeron. El resultado, como todo el mundo sabe, fue un congreso penoso, de escaso nivel y poco digno de tal nombre, que lo único que consiguió fue dejar en mal lugar a una institución, el Ateneo de La Laguna, en la que se han celebrado memorables encuentros en torno a la poesía insular o no insular. Cabría exigirles a los organizadores de tales eventos, tanto más si poco después aparecen en el cargo de responsables de la Sección de Literatura de la misma institución, una reflexión sobre lo hecho y el firme empeño de hacer con posterioridad las cosas algo mejor o, en cualquier caso, lo mejor posible. No parece haber sido el caso de Daniel Bernal Suárez y de Yurena González Herrera, secretaria esta última de la Sección de Literatura del Ateneo y también coorganizadora de aquel triste congreso. Están prácticamente estrenando el cargo de presidente y secretaria, respectivamente, de la Sección de Literatura, pues fueron elegidos para los mismos en la junta del pasado diciembre. Este “recital de primavera”, con ocasión de un día tan destacado, es el primer acto importante que organizan en representación de la Junta Directiva del Ateneo. Es, además, un acto con el que se pretende visibilizar la poesía, que es justamente uno de los objetivos de la UNESCO al declarar el 21 de marzo Día Mundial de la Poesía. Y en el recital que organizan no incluyen a ninguna mujer. No me interesan las razones ni las explicaciones con que Daniel Bernal Suárez ha intentado justificar la ausencia de mujeres en el acto. Si las tres poetas que, según él, fueron invitadas no podían acudir, hay otras muchas de gran calidad con las que se podía haber contado. Lo único que importa aquí, como en la organización de cualquier otro evento (y esto es algo tan elemental que no puede no saberse), es el resultado: no la trastienda del acto, no las intenciones, no la problemática, no las llamadas que se hicieron ni las que dejaron de hacerse, sino el resultado final de la convocatoria. Y este es, me temo, tan increíblemente patriarcal, tan desmesuradamente poco sensible con la igualdad y la diversidad de género, que, al margen de la calidad de los cinco poetas varones invitados, fuera de toda duda, se supone, no cabe aquí sino indignarse. Es más, me parece que habría que exigir, por dignidad y por una mínima coherencia, que Daniel Bernal Suárez y Yurena González Herrera dimitieran inmediatamente de sus cargos. Y para eso escribo este texto: para pedir su dimisión.

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